El efecto del arte

El efecto del arte en nosotros puede ser variado. Si nos acercamos a él con la inocencia de un niño podremos descubrir sensaciones distintas, nuevas y diferentes.

 

Aun recuerdo cuando estando en el colegio vi por primera vez el cuadro de “Las Meninas” de Velázquez en uno de mis libros de texto. Durante un par de semanas las clases estuvieron dedicadas hacer un repaso por la historia del arte, posiblemente aquel fue mi primer contacto con el arte y aunque durante mucho tiempo fue algo que estaba allí pero no le prestaba demasiada atención ahora se ha convertido en una de mis pasiones.

Recuerdo que en ese momento hubo unas cuantas obras que llamaron mi atención, entre ellas el ya mencionado cuadro, junto con “El matrimonio Arnolfini” de Eric Van der Eyck y un “Escriba sentado” egipcio. En ese momento no sabía cuál era la razón de esta atracción y seguramente ahora tampoco pueda dar una respuesta concreta. Pero con el tiempo y con el estudio de algunas de esas obras me di cuenta de que muchas de las teorías de perspectivas, de objetos simbólicos y demás no son más que un lenguaje. Con esto quiero decir que como aquel que habla una lengua y utiliza las palabras para expresar, los artistas utilizan su propio lenguaje y con él se expresan. De alguna forma la disciplina de historia del arte pretende comprender ese idioma y traducirlo para que todos sean capaces de comprenderlo.

Sin embargo, este lenguaje es algo que en muchas ocasiones es instintivo, quizá se trate de una especie de sexto sentido o instinto.  En los inicios del hombre nuestros sentidos o nuestro instinto nos avisaban de muchas cosas tanto buenas como malas, al igual que ocurre con los animales. Quizá el arte o el entendimiento de él sea parte de una sensibilidad que de alguna forma se atrofió pero de la que aun mantenemos pequeños resquicios o quizá solo algunos tienen la habilidad de entenderlo. Quiero decir que muchas obras han despertado y siguen despertando sensaciones muy similares a lo largo del tiempo y las culturas.

Hace ya mucho tiempo, en mi primera visita al Museo del Prado, paseando por las salas llegué a una y quedé paraliza. Me encontraba ante “Las Meninas”, ya no estaba en el museo, estaba allí, dentro del cuadro sintiendo como Velázquez desde su lienzo me miraba tras haber irrumpido en él. Durante unos minutos estuve en parada frente al cuadro, absorta. Mi cuerpo estaba en una de las salas del Museo del Prado pero yo me había colado en una gran sala con una iluminación muy peculiar con un perro, un enano, una infanta, un pintor y otro grupo de personas que se percataban de mi intromisión. Una mano en el hombro me hizo volver al museo y lo primero que hice fue mirar a mi alrededor y observar a las personas que estaban en esa sala que pasaban ante los cuadros mirando las obras mientras hablaban, comentaban. No acababa de entender por qué los demás no sentían lo mismo que yo había sentido. Finalmente salí de la sala y sin embargo algo cambió en mi forma de mirar el resto de los cuadros. Busqué esa sensación, y si bien es cierto que algunos despertaron sentimientos y sensaciones en mi, otros tan solo me parecían solo pinturas aplicadas sobre una tela. Esta sensación o experiencia en la que me vi envuelta puede ser teorizada con la forma de aplicar la perspectiva, el color, la composición de la escena… Pero lo importante de toda esta teoría radica no en la teoría en si misma, sino en que, a través de ella cualquiera que no tenga la sensibilidad necesaria para darse cuenta de este efecto puede llegar a sentir lo mismo o al menos entender cómo se puede sentir alguien frente a ese cuadro.

No siempre podemos entender lo que nos dice una obra de arte pero vale la pena pararse frente a ella y tratar de sentir o entender lo que la persona que la realizó, o la que la encargó, quería comunicar. Y si aun así no logramos entenderlo, y aunque lo entendamos,  leer o estudiar lo que otros ya han descifrado nos llevará a saber algo más del mensaje que desde otros tiempos, otras culturas, nos han dejado, quizá para que conozcamos la situación que vivían o quizá solo para dejar su huella buscando notoriedad. Muchos pueden ser los motivos pero el arte pone a nuestra disposición la posibilidad de conocer parte del pasado sobre el que se ha construido nuestra civilización.

 
Fotografía principal: creative commons licensed ( BY ) flickr photo shared by tony.cairns
 

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