Basílica Paleocristiana - creative commons licensed ( BY-SA ) flickr photo shared by greenmarlin

La arquitectura cristiana como lugar utilidad cultual tiene sus orígenes con la creación del cristianismo en el siglo I, sin embargo, la basílica paleocristiana tomará forma a partir del siglo IV.

 

La necesidad de reunión hace que en un principio las casas particulares se usaran para tal fin, ya que el cristianismo estaba perseguido entre otras cosas porque sus principios como el monoteísmo y la negación de culto a los emperadores entraban en conflicto con el poder ostentado por Roma. En el siglo II estas viviendas se adaptarán a las necesidades de esta aun temprana religión, de forma que sus habitaciones dispongan de mayor capacidad. Algunas se reservarán para ceremonias como el bautismo, siendo este el humilde origen del baptisterio. Con la proclamación del Edicto de Milán a principios del siglo IV, el cristianismo, al igual que otras religiones, obtendrá la libertad de culto. Poco después con el Edicto de Tesalónica esta religión pasará a ser oficial en todo el Imperio Romano, lo que impulsará el desarrollo de la arquitectura y demás manifestaciones de arte cristianas.

La proclamación de estos edictos será muy importante, ya que a partir de este momento se tomará el modelo de basílica romana como edificio de culto, principalmente el la zona occidental del imperio, por ser el que mejor se adapta para el desarrollo de las reuniones cristianas. Así, es en el siglo IV cuando se fijan unas características básicas que se repetirán a lo largo de la historia de la arquitectura cristiana. Una de estas es la orientación del ábside al este como símbolo de la luz de Cristo y así de la resurrección,  de forma que este elemento coincidiera con la salida del sol.

Sin embargo hay dos tipos de plantas según la zona en la que se ubicara la construcción. En la zona occidental nos encontramos con las denominada plantas basilicales  que mantienen la estructura de la basílica romana. Sin embargo, en la zona oriental, suele ser más común el uso de la planta central. Estas edificaciones se caracterizan por una planta con forma circular, octogonal o de cruz griega y su cubrición se realiza con bóvedas sustentadas sobre trompas.

En la zona occidental, las basílicas paleocristianas de finales del siglo II a principios del siglo VI se desarrollan de la siguiente manera. Lo primero que encontraremos en ellas será un patio porticado con forma cuadrangular que se denomina atrium o atrio. En el centro del atrio encontraremos una fuente que se conoce como cantharus. A través del atrio se accede al nartex. Esta estancia es una nave transversal al edificio en el cual se reunían los iniciados en esta religión que aun no estaban bautizados, los catecúmenos. Desde aquí pasaremos al cuerpo en si mismo de la basílica. Este solía estar formado por tres o cinco naves separadas por columnas que sustentaban en algunos caos arquitrabes y en otros arcadas.  La nave central tenía mayor anchura por ser la principal y llevar hasta el ábside. También era más alta para permitir la colocación de ventanas en la parte superior de forma que a través de estas entrara la luz y mejorara la iluminación. En esta nave se colocaban los ambones o púlpitos para la lectura del el evangelio, en el de la derecha, y las epístolas, en el de la izquierda. También en la nave central se colocaba el coro, zona utilizada para cantar los oficios divinos. Las naves laterales distribuían a hombres y mujeres, colocándose ellos a la izquierda y ellas a la derecha. Sobre estas se encontraba la tribuna que constituía el segundo piso. Este espacio en ocasiones estaba reservado para las mujeres, y cuando esto sucedía se llamaba matroneum. Frente a la nave central y como paso al transcepto se colocaba el arco triunfal. Transcepto es el nombre utilizado para denominar la nave transversal a la nave central de la basílica a través del cual se accede al ábside. Se denomina crucero a la intersección de las naves antes mencionadas. Tras el transcepto encontramos el ábside, espacio sobresaliente en planta con forma semicircular y con cubierta aboveda, al contrario que el resto de las naves cuya cubierta esta compuesta por casetones o por un sencillo tejado de armadura. En el ábside se encuentra el presbiterio que solía estar precedido por unas gradas o escalones. En el centro de este el altar o ara, bajo el cual se ubicaba la confesio, lugar en el descansan los restos de un mártir, cubierto un dosel que se denomina cimborrium o baldaquino. En esta misma zona encontramos un banco corrido destinado a los presbíteros que se denomina solea o bema.

Las basílicas desarrolladas en el Norte de África  y en el sur de la Península Ibérica suelen tener doble ábside. Teniendo el situado al oeste función funeraria y pudiendo se su forma tanto semicircular como cuadrada.

En la zona oriental,  se mantienen muchos de estos elementos como el atrio, el nartex o el ábside, que puede destacar también en planta.
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