El mar

Frente al mar comienzo a sentirme pequeña, minúscula, insignificante. Sin embargo, siento que empiezo a ser parte un todo que calma mis desasosiegos. Respiro y le miro. Es fuerte y fiero, pero sin embargo me permite adentrarme en él y sentirle. Sentir su sabiduría. Sentir la forma en la que acoge y protege a los que en él viven. En mi su frío, su libertad, su calma, su enfado, su generosidad. Sus aguas abrazan mi cuerpo y yo me dejo llevar por sus caricias. Dentro de él, me dejo llevar, y sin rumbo nado entre sus olas que me recuerdan que está vivo, que estoy viva. Las fuerzas empiezan a fallarme y me recuerda que allí solo soy una invitada. Me alejo de él. Le hecho de menos. Anhelo volver a él mientras mis pies se despiden de su humedad.

 

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