Enol - Artealizando.com

Y ahí estas, Enol, frío y duro. Me acerco a ti, siempre te soñé, soñé que podría estar siempre a tu lado, soñé que los sueños se cumplen. Y ahora te añoro cada día, temblando, sin ser capaz de acostumbrarme a que tus frías aguas no mojaran mi piel, sin hacerme a la idea de que tus rocas no cortarán mis manos, sin querer creer que la hierba, los arboles, toda la vida que te rodea, ya nunca me llevará a la paz, a sentirme bien, a sentirme libre, a la felicidad.

 

Ya apenas me atrevo a subir por los angostos y enredados caminos que llevan a ti. Las lágrimas resbalan por mis mejillas y el corazón late con fuerza, tengo miedo. Se que a pesar de que mis lágrimas se mezclarán con tus aguas, que a pesar de que me devolverás el regalo que ahora siempre va conmigo, ya nunca será lo que tuvo que haber sido.

 

Y tú en lo más alto del paraíso, donde vivir es un sueño y una prueba de valor, donde la gente pasa a admirarte abriendo los ojos sin creer que aquel lugar pueda ser real. Recuerdo como entre la niebla buscaba tu abrazo, arrodillada mientras mis labios se volvían azules y tu padre me observaba preocupado. Como solo él fue capaz de convencerme de que siempre estarías ahí y de que la vida debía continuar. Aun así te añoro cada día. Añoro esa caricia que repetiste el día que con mis dedos rocé tus frías aguas.

 

Desearía estar allí, contigo, en aquella tierra me hace respirar y sentir. Al menos tu disfrutas del lugar, que endurecido y amable lleva la tranquilidad al corazón. Quizá algún día pueda visitarte, quizá hasta pueda hacerlo sin convertirme en agua. Hasta entonces espera a aquella que quiso darte su vida y que sin ti siente un vacío imposible de llenar.

 

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