La belleza

Belleza

Teoría del Arte

La belleza, otro termino tan discutido o más que el del concepto del arte

La belleza - Canecillos románicos
Fotografía: Rubén Díaz Caviedes

La belleza evolucionará hacia lugares que no somos capaces de discernir y su imbricación con otro tipo de factores nos hace imposible la predicción de su camino. Como dice Umberto Eco en La historia de la belleza:

Nosotros no podemos mirar desde tan lejos; podemos contentarnos con destacar que la primera mitad del siglo XX, y a lo sumo los años sesenta de ese siglo (luego será más difícil), es el escenario de una lucha dramática entre la belleza de la provocación y la belleza del consumo.

La historia nos ha llevado a diferentes conceptos o percepciones de la belleza que pueden diferir mucho según la época.

Edad Media

Si comparamos algo que en la Edad Media era el parangón de lo bello, hablando de arte en este caso, nos encontraremos con figuras que para nosotros expresan cualquier cosa menos belleza.

Romántico

Pongamos como ejemplo cualquiera de los canecillos decorados del Románico. Veremos figuras que se retuercen adaptándose a sus marcos arquitectónicos, que muestran extrañas criaturas. Sin embargo, para el hombre medieval estos canecillos, al igual que todo, estaban compuesto de belleza.

La belleza era imprescindible y se regía, no por ese exterior, que actualmente es nuestra norma, sino por un interior, por la esencia expresada, por la norma en las proporciones, por la inclusión de la figuras en figuras geométricas. Lo que para ellos resultaba bello, para nosotros puede llegar a ser amorfo, deforme e incluso horrible.

La belleza siempre como base

Sin embargo, tan alejados como parece que estamos de aquellos tiempos, o quizá no tanto, seguimos basándonos en la belleza, con otro concepto, sí, pero con la misma esencia. Antes como ahora, esa belleza tenía una importancia, y esa importancia era que conseguía unos fines. Fines que no son más que la ordenación de la sociedad.

Ahora pongamos un ejemplo, que puede estar o no relacionado con el arte, es bella la mujer con una figura esbelta, preferiblemente muy delgada, de grandes senos (no importa su naturalidad), largas piernas, cabello largo y mirada felina, de igual forma que un hombre será alto, delgado y con una musculatura marcada (tampoco es necesaria la naturalidad). Y esta belleza en la mujer y el hombre, lo ayudaran a conseguir sus fines. Con iguales condiciones académicas, siempre, será más fácil para alguien que cumpla el canon de belleza que para alguien que no lo cumpla, al menos a priori.

Actualmente se tiende a obviar otro tipo de bellezas, como puede ser, por ejemplo, la de la integridad o la de el trabajo duro. Ahora reina la belleza exterior. De forma que, la belleza de una u otra manera, con un concepto o con otro, a igual que el arte, ha sido y será decisiva en la cultura.

Arte y belleza, difusores de mensajes

El arte, durante la mayor parte de su existencia, se ha ayudado de la belleza para la difusión de su mensaje. Han ido de la mano durante mucho tiempo y seguramente seguirán unidos. De igual forma, la mayoría de las imágenes que nos rodean, de las cuales algunas pasaran a ser calificadas como arte, se basan en la belleza o en marcar lo que es y lo que no es bello, y, de esta forma, lo que es y lo que no es deseable.

El arte orientaba a los hombres de la Edad Media a rezar, a cumplir la doctrina católica tal y como la dictaban sus templos. Y hoy ese arte audiovisual o gráfico que nos rodea en cada momento de nuestra vida, nos dicta como debemos vivir, que hacer para ser bellos, que comprar para conseguir una porción más de belleza. Nos instruyen de igual forma que las iglesias instruían a los iletrados a través de las escenas del Antiguo y del Nuevo testamento que poblaban sus paredes.

Así, la belleza evolucionará hacia lugares que no somos capaces de discernir y su imbricación con otro tipo de factores nos hace imposible la predicción de su camino. Como dice Umberto Eco en La historia de la belleza:

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