Me apasiona el arte principalmente por una razón, cuando contemplas una obra, sea cual sea su formato o género, hace que sientas algo. Puede transportarte a un lejano lugar, mostrarte el fondo de tu alma, hacerte volar por un sueño que nunca imaginaste o poner ante ti el horror. Y todos estos sentimientos que brotan de la cuidadosa observación del arte o tan solo de un ligera mirada periférica, son las expresiones de alguien, con una vida, inmerso en una cultura, en un tiempo. Son sus expresiones, o las de otros, da igual. El caso es que generosa o egoístamente las comparte y que finalmente llegan a ti, permitiéndote de esta forma entender, o solo conocer, el fondo de su alma, de una sociedad o de un tiempo.

El arte es una ventana abierta por la que observar, una ventana que te permite tomar un respiro de la cotidianidad, un ventana que te muestra los horrores pasados o presentes, quizá también los futuros, una ventana para escapar por ella o una ventana por la que colarte para explorar aquello que no conoces o que tal vez conozcas muy bien.

En cualquier caso, el arte te permite empatizar con momentos, con gentes, con culturas que de otra forma te sería imposible.

Me gusta dejarme ir ante esas obras, actuaciones o conceptos artísticos,  ya que me llevan a un mente más despierta, abierta y consciente. Y también muchas veces me enseñan lecciones de vida, que aprendidas de otro modo quizá fueran más duras.

El arte es y ha de ser algo distinto para cada uno, porque todos somos distintos. El arte ha de ser diferente porque todos somos diferentes y esta diferencia es la que da valor al conjunto y propio individuo. El arte ha de ser eterno porque sin él dejaríamos de expresar nuestra esencia.